LUCHAR CONTRA EL TRABAJO INVISIBLE
Buenos Aires, 19 de agosto de 2020
El trabajo de las empleadas de casas particulares, muchas veces invisibilizado o en condiciones de informalidad y con bajos salarios, posee una gran importancia económica, al punto que se estima que solamente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lo ejerce un 13% de las mujeres asalariadas -alrededor de 77.100 personas-, en enorme proporción “jefas de hogar” y con hijos a cargo. El Frente de Todos impulsa en la Legislatura porteña la Creación de Oficinas Comunales de asesoramiento a trabajadoras de casas particulares para mejorar su situación y aplicar efectivamente las normativas legales nacionales.

“El Proyecto de Creación de Oficinas Comunales de asesoramiento a trabajadoras de casas particulares propuesto para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por el Frente de Todos retoma una iniciativa que fue presentada antes por el actual senador Mariano Recalde y que luego perdió estado parlamentario. Lo recuperamos y actualizamos. Se calcula que en la Ciudad de Buenos Aires hay 65 mil personas, en su enorme mayoría mujeres, que trabajan en esta actividad y lo hacen con altos niveles de informalidad. Por eso entendemos que es importante que el Gobierno de la Ciudad impulse políticas para garantizar los derechos laborales de estas trabajadoras y proponemos estas oficinas en las comunas. La idea es que además allí se realicen relevamientos a partir de las consultas para poder desarrollar estadísticas y elaborar acciones que promuevan un ambiente laboral sin discriminación y con buenos tratos. También podrán promover programas de capacitación y en este sentido creemos que es muy importante la articulación con el sindicato de la actividad”, indicó la legisladora del Frente de Todos, Lucía Cámpora, que lleva adelante el proyecto.
El trabajo de las empleadas de casas particulares comprende tareas como las de limpieza, lavado y planchado, cocción de alimentos, cuidado de niños/as, ancianos/as o el cuidado no terapéutico de enfermos (entre otras), que se realizan en los hogares y están enmarcadas dentro de una relación de trabajo en la cual la persona contratada recibe una remuneración a cambio. Es una actividad laboral que tradicionalmente es realizada por mujeres.
En América Latina y Europa es una de las actividades económicas en aumento, según datos de la Organización Internacional del Trabajo, del año 2016 y se encuentra dentro de los trabajos peor pagos y más carentes de regulación y acceso a la seguridad social en el mundo. Se estima que a nivel global el 90% del trabajo doméstico se encuentra legalmente excluido de los sistemas de seguridad social.
A las conocidas brechas salariales entre hombres y mujeres, se le suma la propia de estas ocupaciones, consideradas un trabajo “no calificado” y existen estimaciones de que una de cada siete mujeres ocupadas en América Latina es empleada de casas particulares (Lexartza, et.al., 2016)[1].
La participación de mujeres en este sector es del 95% y puntualmente en Argentina es una actividad realizada por más de un millón de personas, agrupando a un 17% de mujeres ocupadas y 23% de asalariadas (MTEySS, 2005), por lo que representa una de las actividades de mayor importancia entre las mujeres asalariadas en nuestro país. El promedio de trabajadoras que se desempeñan como empleadas de casas particulares es de mujeres adultas con secundaria incompleta, que en su mayoría son a la vez “jefas de hogar” con hijos a cargo (MTEySS, 2005).
“No hay muchos proyectos en este sentido presentados en la Legislatura porteña ya que lo relativo a los derechos laborales es materia del Congreso de la Nación. Por eso intentamos tomar algo que sí es facultad de la Ciudad, que es el poder de policía en la materia, para construir herramientas locales que permitan garantizar el cumplimiento de los derechos”, amplió Cámpora.
Para cuantificar la enorma importancia económica de esta actividad muchas veces invisibilizada, se puede indicar que específicamente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un 13% de las mujeres asalariadas-alrededor de 77.100 personas- se dedican al trabajo en casas particulares (DGEyC, 2016).
“Además de las denuncias que están haciendo las organizaciones sindicales del sector y lo que desde diferentes ámbitos pudimos reflejar –como la encuesta que desarrollamos desde el CEIL/CONICET y la UNLA – según el informe ‘Situación y evolución del trabajo registrado (Julio 2020)’ del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación-, si se compara los meses de abril en los años 2019 y 2020, durante la pandemia se dieron de baja del registro a 19.600 trabajadoras/es de casas particulares”, cuantificó Verónica Casas, antropóloga social, becaria CEIL-CONICET y especialista en el tema.
“Además de ser jefas de hogar en su mayoría perciben salarios muy bajos. El hecho de que haya empeorado su situación laboral hace muy difícil poder sostener la economía familiar. Lo que encontré en la encuesta[2] y entrevistas que realicé fue mucha angustia y miedo, no tanto a contagiarse de coronavirus sino a perder el trabajo”, explicó la especialista.
Actualmente, según lo fijado por la Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares (CNTCP), una persona con retiro que realiza tareas de limpieza cobra apenas poco más de 17 mil pesos por mes, si trabaja cuarenta horas semanales.
TRABAJO PRECARIZADO EN SITUACIÓN DE CUARENTENA
“Si el sector de trabajo en casas particulares ya era uno de los trabajos peor pagos y con un gran porcentaje de trabajadoras informales, hoy la situación de las trabajadoras frente al aislamiento social preventivo y obligatorio es bastante preocupante. Relevando la situación del sector estos meses, evidenciamos que la pandemia vino a echar luz –e inclusive profundizar- las desigualdades que sufre históricamente el sector: precarización, bajos salarios e inestabilidad laboral”, explicó Casas.
Desde el marco de la normativa legal de la actividad en Argentina, la reglamentación que regulaba este sector hasta el año 2013 era el decreto-ley 326 de 1956 -promulgado durante la dictadura de Aramburu- que solo incluía a aquellas personas que trabajaran como mínimo cuatro horas diarias cuatro veces a la semana.
En marzo del 2013 se sancionó la ley 26.844: Régimen Especial de Contrato de Trabajo para el Personal de Casas Particulares, que representa la extensión de derechos laborales y sociales a todas estas trabajadoras, sin importar el número de horas trabajadas. Si bien la tasa de registro laboral ha aumentado en los últimos años, se estima que un 78% continúa en la informalidad en nuestro país (MTEySS, 2014). Hay que tener en cuenta que, además de la carencia de derechos básicos como trabajadoras, quienes no están registradas tienen un salario mensual 48% menor que las registradas (Pereyra, 2012)[3].
“La Ley 26.844 sancionada durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner representó un antes y un después. Esta norma consagró derechos laborales para las trabajadoras de casas particulares al mismo tiempo que impulsó una campaña activa por parte del Estado para impulsar la registración, capacitando a trabajadoras y a empleadores. Todavía falta mucho, pero es un hecho que han aumentado los niveles de formalidad y de conocimiento de los derechos”, consideró Cámpora.
“Desde que se decretó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) el 20 de marzo el sector sufrió diversos problemas, a muchas les dejaron de pagar, las despidieron, les redujeron las horas o el salario. Además, a otras trabajadoras les dijeron que no sabían si con la extensión de la cuarentena les iban a poder seguir sosteniendo su fuente de trabajo. Al ser un sector vulnerable, los abusos por parte de los empleadores son moneda corriente, por ejemplo hay casos de empleadores que les han dicho que les descontaban del pago mensual los diez mil pesos del Ingreso Familiar de Emergencia que otorga el ANSES, es decir haciéndoles creer que el Estado es el que debe hacerse cargo de su sueldo o a otras que los días de cuarentena se los contaban como vacaciones. Esto evidencia que se juega mucho con la desinformación y la situación desventajosa de la trabajadora, en relaciones laborales que están atravesadas por múltiples desigualdades (de género, clase y étnicas, entre otras)”, contó Casas.

“Es fundamental que desde el Estado se profundicen acciones en todos los sentidos para hacer cumplir la Ley para el Personal de Casas Particulares. Al momento de la sanción de la ley se llevó adelante una campaña muy incisiva sobre los derechos y obligaciones de las trabajadoras y de les empleadorxs, que luego se discontinuó durante el Gobierno de Mauricio Macri. Ahora vemos una comunicación activa en este sentido por parte del Gobierno nacional, en específico con lo vinculado al ASPO, para frenar los abusos de muchxs empleadorxs. Parece increíble que los ministerios hayan tenido que aclarar algo tan obvio como que el IFE no suplía el salario que debían continuar pagando los empleadores. Esto habla de situaciones muy injustas con las que hay que terminar y para eso es clave tanto la capacitación de las trabajadoras para dotarlas de herramientas para reclamar, como la capacitación de lxs empleadorxs- en ese sentido AFIP tiene líneas interesantes- y seguramente haga falta una articulación cada vez más fuerte con los gremios”, expresó la legisladora Cámpora.
“NO QUIERO MÁS DOMÉSTICAS CON GOBIERNO PERONISTA”
En el plano mediático, además de las idas y vueltas del reciente caso de la modelo Nicole Neumann, que involucró todos los ingredientes habituales de trabajo en negro e ilegalidades, se destacaron también los dichos del economista ultraliberal Carlos Rodríguez, cuyo mensaje en Twitter, se volvió viral: “Mi primer día fuera del sanatorio lo pasé llenando papeles para la empleada doméstica en blanco que cobra pero no la dejan venir (ni trata tampoco). Ni bien saquen restricciones la despido con indemnización más rápido que un soplido. No quiero más domésticas con gobierno peronista“, publicó.
Sin querer queriendo Rodríguez acuñó una frase digna de enmarcar, plena de resonancias históricas y también de absoluta actualidad. Por fortuna el humor peronista no descansa nunca, desde los tiempos de Mordisquito, y ahora en versión 2.0 el compañero @peroncheto supo contestarle (entre muchos otros), con ironía olímpica: “Qué lástima Carlos, cómo se aprovechan de vos. Tuviste la mala suerte de haber nacido muy tarde para tener esclavos y muy temprano para tener robots”.
Solamente faltó el “¿A mí me la vas a contar, Rodríguez?”, para que se viniera abajo la tribuna nacional y popular estallando en risas y aplausos.
Sin dudas desde los tiempos del primer peronismo el empoderamiento de las empleadas de casas particulares de la mano de Perón y Evita generó enormes resistencias entre los sectores pudientes, oligárquicos y de altos ingresos, con implicancias de clase y de género muy profundas.
“En perspectiva histórica podemos decir que Evita puso en valor el trabajo y la acción de la mujeres y las empoderó para que participaran en política – y no solo con el voto, como se suele decir- sino que accedieron a las bancas como no volvió a suceder hasta los años 90 con la Ley de Cupo. En la misma línea, el reconocimiento y empoderamiento de las trabajadoras de casas particulares fue fundamental. Que desde el propio Gobierno Nacional se reconociera a estas trabajadoras les dio una espalda distinta para saberse sujetas de derechos y en condiciones de exigir cumplimiento. Esto sin dudas trajo aparejado rechazos de sectores conservadores que todavía veían a las ocupaciones domésticas como una rémora del ‘personal de servicio’ de otras épocas. Siempre la ampliación de derechos para las mayorías genera resistencias en algunas minorías”, reflexionó Cámpora.
QUÉ HACER PARA MEJORAR LA SITUACIÓN
Hay dos cuestiones que son fundamentales para que la situación de las trabajadoras de casas particulares no empeore: por un lado, que los/as empleadores tomen conciencia de la necesidad de abonar el salario, de la prohibición de despedir y de entender que quien limpia, cocina o cuida es una trabajadora. Por el otro, el fundamental rol del Estado.
“Es evidente que el ASPO vino a contener la expansión de una pandemia y que al día de hoy se puede ver el manejo responsable de la misma por parte del gobierno. Asimismo, se impulsaron políticas de mitigación económica hacia los sectores más vulnerables. Sin embargo, es primordial hacer foco sobre el sector de trabajo en casas particulares. Se entienden las particularidades y la dificultad de controlar. Una de las propuestas de organizaciones del sector fue la de que en el programa ATP se incluya a las empleadas de casas particulares. También se podría realizar una campaña de registración fuerte que sea acompañada con información clara acerca de los derechos laborales”, consideró Casas.
“Estamos viviendo un momento donde la agenda de los cuidados tomó relevancia pública, sin ir más lejos hace unos días se lanzó la campaña nacional ‘Cuidar en igualdad: necesidad, derechos y trabajo’. Por eso es preciso redoblar la atención hacia quienes trabajan en casas ajenas y que muchas veces sostienen esos cuidados. Hoy obligarlas a ir a trabajar igual o no pagarles es algo que no puede suceder, y atenta contra la salud y la economía de las trabajadoras y de sus familias”, agregó.
“En este tema encontramos una gran paradoja: el trabajo de las empleadas de casas particulares es una actividad socialmente desvalorizada y con malas condiciones laborales, sin embargo fue una las actividades que –sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires- se impulsó desde los medios de comunicación y por parte de algunos funcionarios del gobierno local que fuera una de las primeras que volviesen a la normalidad”, refirió Casas.

“Sabemos que la asignación de roles sexogenéricos estereotipados promueve, consolida y reproduce el espacio subalterno de las feminidades en nuestra sociedad. Esa naturalización se corresponde con una desvalorización de las tareas que ‘tradicionalmente’ son realizadas por mujeres y una dominancia de las tareas ‘productivas’ que serían aquellas realizadas por los hombres”, analizó Cámpora.
“La consagración de derechos formales por medio de una ley es un enorme paso, fundamental, pero debe ir acompañado de un proceso de concientización, de un enorme cambio en la mentalidad. Creo que el impulso de los movimientos feministas va a fortalecer en la actualidad el empoderamiento de las trabajadoras, porque el feminismo viene a decir que esas tareas que el patriarcado asignó de forma exclusiva a las mujeres, no sólo no son patrimonio exclusivo nuestro sino que además deben ser reconocidas económicamente. Y esto aplica no solo a las tareas de cuidado que hoy no son reconocidas en términos materiales sino que también tiene que valorizar el trabajo en casas particulares que es una de las actividades con sueldos más bajos”, concluyó Cámpora.
[1] Lexartza, Larraitz; Chaves, María José & Carcedo, Ana (2016), Políticas de formalización del trabajo doméstico remunerado en América Latina y el Caribe, OIT, Oficina Regional para América Latina y el Caribe, FORLAC, Lima.
[2] http://www.ceil-conicet.gov.ar/2020/05/informe-encuesta-a-trabajadorases-de-casas-particulares-y-su-situacion-laboral-en-el-contexto-de-aislamiento-por-la-pandemia-de-covid-19-en-la-argentina/
[3] Pereyra, Francisca (2012), “La regulación de las condiciones laborales de los trabajadores del cuidado en la Argentina: el caso del empleo doméstico”, en Esquivel, Valeria, Faur, Eleonor y Jelin, Elizabeth (eds.), Las lógicas del cuidado infantil: entre las familias, el Estado y el mercado, Buenos Aires, IDES/UNICEF/UNFPA.