EL GRAN BONETE DE MIGUEL
Por Andrés Cárdenas
El Jefe de Gabinete porteño Felipe Miguel participó la semana pasada de la sesión especial en la Legislatura para exponer el plan del gobierno porteño en pandemia, con presuntos ejes en prevención de la salud, reactivación económica y asistencia social. Sin embargo, de manera sistemática y como en ocasiones anteriores, eludió respuestas o mintió en temas centrales, planteados por el Frente de Todos y otros espacios opositores, como asignación presupuestaria, compras irregulares, espionaje ilegal y derechos civiles selectivos.
El antiguo juego infantil “El Gran Bonete” interpelaba como en un mantra: “¿Yo, señor? Sí, señor. No, señor”, hasta que alguno resultaba atrapado en una mentira: extrapolado a la realidad y con el mismo participante desenmascarado a repetición parece repetirse este mecanismo en las sesiones informativas especiales, cada semestre, del Jefe de Gabinete porteño, Felipe Miguel, cuando intenta pasar por alto requerimientos, acusaciones y consultas opositoras en el ámbito de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
“Esperábamos respuestas que estuvieran a la altura del esfuerzo que están haciendo los porteños y las porteñas frente al contexto de pandemia mundial que estamos atravesando, pero no respondió nada concreto. El discurso de Miguel fue muy general y superficial, puros enunciados y ninguna respuesta. Le falta el respeto a los legisladores y legisladoras, pero sobre todo a los porteños y las porteñas. No pudo responder seriamente ni de forma detallada ninguna de las preguntas que hicimos acerca de los temas que más preocupan en este momento”, expresó en un comunicado el bloque legislativo del Frente de Todos (FdeT), luego de la sesión especial del 4 de agosto.
La legisladora del FdeT María Rosa Muiños afirmó:”El jefe de Gabinete nunca decepciona, cada vez que viene al recinto nos relata los enunciados de nuestras propias preguntas y nos cuenta todas las medidas que ya fueron tratadas por nosotros, los legisladores. Como de costumbre, no responde a ninguna de nuestras consultas y menos aún, las que implican presupuestos, gastos, contrataciones, licitaciones y compras directas”.
De hecho, el Jefe de Gabinete de Horacio Rodríguez Larreta empleó uno de sus recursos retóricos habituales, la “captatio benevolentiae”, más conocida en criollo como “sobarle el lomo” a propios y ajenos en el recinto, al incluir en su alocución un agradecimiento de fórmula “a todos los espacios políticos por estar trabajando tan bien juntos más allá de las diferencias”, (¿Yo, señor?).
El presidente del bloque del FdeT en la Legislatura porteña, Claudio Ferreño destacó en cambio “la falta de voluntad política que tiene el oficialismo para con los legisladores de la mayor fuerza opositora: presentamos 124 pedidos de informes, 109 declaraciones y 138 proyectos de Ley para dar soluciones a los porteños y las porteñas en medio de esta crisis, que no fueron tomados en cuenta ni discutidos. La voluntad dialoguista que aduce el Ejecutivo de la Ciudad sólo está presente en lo discursivo y para los medios de prensa”, (Sí, señor).
Miguel expresó de manera confusa y vaga que “la situación absolutamente extraordinaria y excepcional” que atraviesa la Ciudad de Buenos Aires llevó a “necesitar con urgencia insumos críticos y de altísima demanda en todo el mundo, muchos de los cuales no se producen en nuestro país o no tienen precios de referencia. Esto nos obligó a contactar con proveedores que no son habituales del Gobierno de la Ciudad para garantizar que los trabajadores esenciales tengan todo lo que necesitan para cuidarse y cuidar la salud de los vecinos”, (¿Yo, señor?).
El legislador del Frente de Todos, Juan Manuel Valdés, expresó en términos mucho más claros solamente parte de lo mismo que había intentado eludir Miguel: “Se adjudicó la compra de 300 mil test a la empresa HN Singapur, que no tiene página web ni domicilio registrado, por 1,76 millones de dólares, mediante contratación directa con conversaciones informales por parte de la Subsecretaría de Administración del Sistema de Salud, lo que luego se redujo a la mitad y pasaron a comprarse 180 mil test. Lamentablemente, nunca llegaron hasta el día de hoy y no se tiene claro qué pasó con el dinero pues la empresa dice que no es reembolsable”, (No, señor).
(La compra irregular de barbijos e insumos sanitarios no fue explicada por Miguel)
Reafirmando los dichos de Valdés, su compañero de bloque, Leandro Santoro, extendió los reclamos a varios frentes más: “En plena pandemia se compraron barbijos con sobreprecios que estaban vencidos, en plena pandemia esta ciudad no incorpora a los enfermeros y enfermeras como profesionales de la salud, en plena pandemia la ciudad más rica de la Argentina no es capaz de crear un IFE o un ATP porteño, para ayudar a los taxistas, a la gente de la Cultura, para ayudar a la gastronomía, en plena pandemia se ponen a reprimir manifestaciones en vez de cuidar a los porteños y las porteñas. Esto es lo que los porteños y porteñas quieren saber, porque más temprano que tarde esta Ciudad va a volver a ser democrática y transparente”, (Más que sí, señor).
El discurso de Santoro puso énfasis en la clara diferencia existente entre la mayor ayuda presupuestaria por parte del gobierno nacional, mientras que el gobierno local, con la administración que más presupuesto cuenta en el país, no se pone a la altura de las necesidades de los casi tres millones de habitantes de su jurisdicción, justificándose, en palabras del propio Miguel, en que “durante los primeros cuatro meses de la pandemia la recaudación bajó el 24%”.
Varios legisladores opositores puntualizaron que desconocían en qué cifras oficiales se apoyó Miguel para brindar este número de baja del cobro de impuestos, pues la Legislatura porteña jamás las recibió oficialmente.
Para combatir el coronavirus se sumaron en CABA siete ambulancias y 543 nuevos respiradores, “acá quiero agradecer especialmente al Gobierno Nacional por su contribución de 529 respiradores”, dijo Miguel, casi como un botón de muestra o una confesión de parte involuntaria de las proporciones totalmente desiguales de los respectivos aportes por jurisdicción en la emergencia, señalados por el Frente de Todos.
JARDINES MATERNALES, ESPÍAS, FALLAS EDUCATIVAS Y SIN TECHO
En los relevamientos que Proyectar Ciudad realiza en cada comuna de la Ciudad de Buenos Aires, comuneros y referentes barriales coinciden en que tres de los principales problemas urbanos están concentrados en las carencias del sistema de Salud Pública, el déficit de vacantes educativas y la falta de espacios verdes, con especial énfasis en algunos barrios con alta densidad poblacional y muchas construcciones en altura, (Sí, señor).
Como un tímido aporte Miguel prometió la implementación de un programa de apoyo al personal docente y no docente en 180 jardines maternales, uno de los rubros más necesitados en la Ciudad por las familias trabajadoras, y para las plazas y espacios públicos habló de una cosmética demarcación de superficies para facilitar el ejercicio al aire libre con la distancia sanitaria adecuada. Sabor a poco sería decir mucho, respecto de decisiones signadas por el desconocimiento de las prioridades reales.
Respecto a la Seguridad, tanto el diputado Santoro como la diputada Victoria Montenegro acusaron a Miguel directamente de “mentir” desde el año pasado en los informes ante la Legislatura al negar que al menos cinco agentes de la Policía de la Ciudad se habían desempeñado en la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) durante el mandato presidencial de Mauricio Macri y luego fueron reintegrados sin explicaciones, mediante el traslado y un cambio de funciones legalmente incompatible.
El turbio caso de la desaparición en febrero de 2019 del agente de la Policía de la Ciudad, Arshak Karhanyan, que es mantenido en sordina de modo increíble por su propia fuerza, volvió a hacerse oír con fuerza en el recinto en la voz de los legisladores del Frente de Todos.
“Usted nos mintió y les mintió a todos los ciudadanos y ciudadanas. Es vergonzoso y escandaloso. Es la impunidad en su máxima expresión y no hay ningún funcionario que venga a dar explicación. Hay responsabilidades políticas y exigimos que vengan a darlas sobre qué hicieron esos policías haciendo inteligencia y contrainteligencia”, le dijo Montenegro a Miguel, (Sí, señor).
En una interpretación forzada y en contradicción expresa con los artículos de la Ley de Inteligencia, el funcionario porteño contestó: “Toda jurisdicción tiene que ceder agentes si son solicitados por la AFI y ello contempla la confidencialidad de las tareas que realizan los agentes, es decir, que no podíamos saber qué trabajos se les asignaron a los efectivos”, (¿Yo, señor?).
Por supuesto se trata de los mismos policías que Miguel negó que cumplieran tales tareas en la sesión especial de fines del año pasado: otra vez resultó abiertamente desenmascarado en público, (Sí, señor).
Sin dudas, parte de la doble vara en la política de seguridad porteña con la aplicación de derechos civiles para ciudadanos de primera y de segunda, se vio el sábado 1ro. de agosto cuando la marcha convocada por los familiares de Santiago Maldonado y organizaciones de derechos humanos fue reprimida brutalmente por la Policía de la Ciudad, la misma fuerza que en semanas anteriores brilló por su ausencia en las manifestaciones contra la cuarentena y las políticas del gobierno nacional, que hasta derivaron en agresiones físicas a medios de prensa y en todo tipo de violaciones a las restricciones sanitarias vigentes.
Otra de las marcas de fábrica de la gestión del PRO en la Ciudad es la negación y el ocultamiento sistemático de determinadas situaciones como el “ejército” de personas en situación de calle que habitan el distrito más opulento de Argentina, (¿Yo, señor?).
Durante la sesión especial, la legisladora Lucía Cámpora le requirió, por supuesto sin respuesta, a Miguel: “El Gobierno de la Ciudad afirma que hay 1904 personas en situación de calle en paradores, cuando el número total estimado por censo es de 7.251 ¿Qué pasa con el resto? ¿Qué políticas impulsa el gobierno?”, (Sí, señor).
LA INFANTILIZACIÓN COMO INTENTO DE DOMINACIÓN POLÍTICA
Mauricio Macri, gestor de la experiencia de gobierno que se extiende por casi trece años en la Ciudad de Buenos Aires, representa en su máxima expresión a la dirigencia política que elude las responsabilidades propias y siempre está dispuesta a echar culpas a otros y otras o aún a los fenómenos meteorológicos (“la tormenta”) de sus pésimas gestiones en beneficio de intereses concentrados: sin hilar fino en aspectos de la personalidad, casi un síndrome de niño rico, que lamentablemente (para los porteños primero y luego para todos los argentinos) trasladó a su forma de acción (anti)política.
Si los propios líderes se comportan como chicos caprichosos, totalmente intolerantes a ser contradichos y con un abuso polimorfo de la mentira, el mensaje hacia la sociedad resulta equivalente y lo vemos reflejado en las actitudes infantilmente irresponsables de los manifestantes anticuarentena por estos días.
Los discursos de odio, de irracionalidad absoluta, que rigen en estas movilizaciones minoritarias coinciden muchas veces políticamente con el libreto de Juntos por el Cambio, en una pretendida defensa de la “libertad republicana”, mientras insultan y muelen a golpes a cronistas o manifestantes que no les agradan.
En los hechos, la infantilización política (dirigida generalmente al difuso colectivo de “la gente” con la obvia exclusión de categorías como “pueblo” o incluso “ciudadanos”) representa una herramienta de dominación social y un ingrediente central del marketing antipolítico vacío, llenado con eslóganes de ocasión y fondo amarillo, con los que inunda la Ciudad el gobierno de Rodríguez Larreta, en uno de los rubros prioritarios para el que sigue sin escatimar recursos de todos y todas, aún en pandemia.

La profusa publicidad oficial, que busca una engañosa proximidad con “el vecino”, comparte el podio de máximas prioridades de la gestión porteña, posiblemente junto con el negocio inmobiliario y el arreglo de veredas. Todo condimentado por un blindaje mediático inmenso que potencia y amplifica los mensajes direccionados hacia una población a la que justamente se pretende infantilizar y mantener alejada de la defensa activa de sus propios intereses.
Los vecinos organizados, los movimientos sociales y políticos con activa inserción en las instancias comunales tienen que ser los responsables de marcar las prioridades en los barrios y contar con acceso a las informaciones de fondo, los planes de gobierno y las asignaciones presupuestarias, porque conocer es poder: ahí está la clave para modificar la realidad efectiva y no quedar enredados por más tiempo en el estéril juego de mentiras de El Gran Bonete.